Llega como viento, como un az de luz, transparente, ligero y fugaz; capaz de armar y desarmar.
Mira sinuosa las lineas de su cuerpo, de sus manos, de sus ojos, esos que se encuentran con los suyos fijamente en la memoria. 
Mientras tú le sonríes de cosado, ella se pregunta ¿qué estás esperando?. Y, no es que se esté desesperando pero no para de volar y este insomnio la va a matar. Tu nombre susurra el viento y se sube por sus piernas, se acurruca en su centro, estremece las entrañas y la deja suspendida, viajando con la mente hasta donde estás.
Descubre tu mundo de paso por su rumbo, y es feliz-por un instante-es feliz. Ya es demasiado tarde y esta noche se viste de color ausencia, se pone sus tenis y sale a correr. En medio de un desierto sale el grito silencioso haciendo retumbar los recuerdos que van suicidándose uno tras otro -en orden aleatorio- Al regreso descubre que esta noche está cargada de promesas que se ahogan en un bar a 154 metros sobre el nivel del mar, quizá no sea preciso recordar pero aún están pendientes partidas por jugar en esta cama vacía donde eran sólo uno, dos. Finalmente, en el marco del recuerdo, a esta noche ausente con insomnio latente, sólo le quedan unas bocas que se muerden incapaces de besar y una muchacha frente al espejo que escribe o por inercia o ebriedad.
                                                                       

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