Catorce de Julio
En el día 195 de hace 200 años un país decidió comenzar una Revolución
con la toma de la Bastilla y 59 años después pudo gritar oficialmente el lema
que lo acompañó durante toda su hazaña: “Liberté, égalité, fraternité”.
En 1918, nace Ingmar Bergman, uno de mis cineastas favoritos, sobre todo
por sus silencios y casi una década antes que yo naciera dirigió
“Sonata de Otoño” película donde me enamoré de Chopin.
En 1922 Osetia del Norte-Alania se declara independiente de Rusia. Y
hace 3 años me enteré que en 1997 la banda estadounidense de rock The White Stripes realizó
su primer concierto en vivo, banda de la cual solo puedo reconocer una canción
porque el video de “Fell in love with a girl” me loqueó con el lego.
Podría citar
otros acontecimientos, porque en realidad cuando llega el día 195 de cada año,
o 196 si es bisiesto, la tierra conspira para que algo nuevo, intenso y
terroríficamente hermoso se suceda, o al menos eso fue lo que me engañaron.
También hoy es el día 195 del año y aún faltan 170 más para terminarlo.
Hace 25 años, 4 875 días, ¼ de siglo o como prefieran llamarlo, algo
terroríficamente hermoso sucedió, o al menos eso fue lo que me engañaron.
Resulta que Bertha Quiroz en colaboración con Hugo Acuña, mis queridos padres,
decidieron intercambiar fluidos y crear (por obra y gracias de la mera
casualidad o la conocida “escapadita”) un feto algo así como yo pero con pene, algo que a los 9 meses debería estar cocinado y listo para salir por
la vagina de mi madre gritando con llanto masculino “Liberté, égalité,
fraternité”. Sin embargo, no nací hombre, ni de la concha de mi madre -nací por cesárea, razón por la cual soy una mal parida- y tampoco nací a los 9 meses. Me
adelanté, nací a medio cocinar, impaciente, pequeña y distraída. Una
sietemesina de grandes ojos y…grandes ojos. Un renacuajo dijo mi padre. Y, seguido a eso mi sonrisa y con ello la conquista de un mundo que comenzaría
conquistando el mundo de mis padres.
Llevo, desde entonces, 25 revoluciones compuestas básicamente de 24 inviernos y un
otoño y llegará la primavera si se cumplen los deseos. Llevo
desde entonces 25 revoluciones acompañadas de silencios, de sonatas, de rock,
de intensidad, de libertad. 25 revoluciones diciendo lo que quiero y haciendo
lo que creo. 25 revoluciones andando, buscando, perdiendo y encontrando. 25
años, agradeciendo a la vida por regalarme la paleta de colores con los matices
más bellos para pintar mi camino.
Hace dos años, algo mágico y siniestro me viene ocurriendo y es que al
dar las 12 de la noche recibo sola mi cumpleaños, viajando, en un bus, al lado
de una persona desconocida, casi siempre roncando. El año pasado la ruta fue
Huancayo – Lima, este año ha sido Chiclayo – Lima. A mi derecha la oscuridad de
la noche me acompaña a través de la ventana y los árboles delimitan la
carretera usualmente mojada por la temporada del año dándole un aspecto
terroríficamente hermoso. Una especie de nostalgia y felicidad provocan sonrisas
entrecortadas y de vez en cuando una lágrima cae en el libro que esté leyendo,
pero no es tristeza, es felicidad. Lo sé. Este año me agarró abrazada de
Eielson. No hubo lágrimas, solo sonrisas y un poco de nostalgia.
Recuerdo que a inicios de este año, de alguna página de dudosa
procedencia, un amigo me envió esto -, asegurando que era cierto- : “A pesar de su
encanto, su seguridad en sí mismos y su buen humor, los nacidos este día (14 de
Julio) se deprimen periódicamente sin causa aparente. Un buen observador notará
que tienen un aire melancólico que los hace aún más humanos y atractivos. Pero
cuando se queden a solas, se sumergirán en lo más profundo de las facetas
plutónicas de su personalidad, que apenas es posible advertir desde el
exterior. Están en contacto con el lado más oscuro del alma, y esta profundidad
espiritual los acompaña durante toda la vida”. Cuando terminé de leerlo solo
una palabra vino a mi cabeza: ¡Mierda!...ahora todo tiene sentido y dormí.
La primera vez que conocí a Eielson fue en la secundaria cuando tocó ver
el tema de los Caligramas y me aprendí su poema que hablaba de un pájaro y,
obviamente, estaba escrito en forma de pájaro. Mi segundo encuentro con Eielson
fue gracias a Diego La Hoz, director del grupo de teatro Espacio Libre y con
quien actualmente llevo el Laboratorio Teatral “Liberacciones”. Este segundo
encuentro con Jorge Eduardo, me llevó a descubrir un universo lleno de
posibilidades, de variantes, de conexiones, de presencia, de múltiples formas
de estar sin perder el ser. Y aquí estoy ahora, con él en la cama, escribiendo
el final del día de mi cumpleaños con "la impresión de caer en un abismo y
de improviso asistir a una remota fiesta en el fondo de una estrella y de
bailar en ella tiernamente con mi silla".
No quiero cerrar esto sin agradecer a la vida, por las revoluciones
vividas, por las circunstancias en las que me ha colocado y me han servido para
aprender a defender con mayor ímpetu cada cosa que deseo profundamente, por los
seres mágicos que va colocando en mi caminado para hacerlo más hermoso y
llevadero. Agradecer primero a mis creadores, pues por ellos y la genética
tengo la fuerza de mi madre y la sonrisa de padre, la ternura de mi madre y la
libertad de mi padre y de ambos la sangre compartida de mi hermana con quien
también compartimos la sangre de un hermano, hijo de mi padre. Gracias a mis 3
amigas de toda la vida, a mis matapasiones de la universidad, a los amigos del
teatro y a los nuevos amigos/hermanos que hoy suman y ocupan un lugar importante:
Silvia y Toto.
Este año, me está sorprendiendo tanto que me asusta y me emociona, 25
años, 4 tortas, muchas velas y en cada una deseos cocinándose con acciones
diarias en una casa de ESPACIO LIBRE perfecta para crear y ponerme a toda
máquina de la mano de Diego y Karlos. Felicidad y energía pura me rodea y me
pone en turbo para avanzar y seguir ganando mis propias batallas, mis pequeñas
pero no menos bellas revoluciones.
Alegría, sonrisas y unas cuantas lágrimas me dicen buenas noches,
descansa que el camino apenas comienza y te falta tanto que aprender, tanto que
abrazar, entregar, besar, andar, viajar, llorar, reír, perder, mutar, mudar.
Reinventándome constantemente estoy, preparando la maleta porque siempre me
voy. Creo que una vez que alguien se va nunca termina de volver. Yo
nunca vuelvo, algo de mí se va quedando donde llego. Por esa misma razón cuido
cada paso que doy.
Ahora sí, buenas noches porque hoy es el día 195 del año y aún faltan 170 días más para terminarlo. Paciencia y buen humor, como diría mi abuelo. Feliz cumpleaños a todos aquellos que también nacieron en este revolucionario y hermoso día.
Jhuliana Acuña

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