MENSAJES POR EL DÍA MUNDIAL DEL TEATRO

MENSAJES INTERNACIONAL POR EL DÍA MUNDIAL DEL TEATRO
Por: Brett Bailey
Donde exista la sociedad humana, el irreprensible Espíritu de la Representación se manifiesta
Bajo los árboles en pequeños pueblos, y en los escenarios altamente tecnificados en metrópolis globales; en pasillos de escuelas y en campos y en templos; en barriadas, en plazas públicas, en centros comunitarios y en sótanos de ciudades del interior, la gente es atraída para compartir en el efímero mundo teatral que creamos para expresar nuestra complejidad humana, nuestra diversidad, nuestra vulnerabilidad, en carne viva, y aliento, y voz.
Nos reunimos para sollozar y para recordar; para reír y contemplar; para aprender y para afirmar y para imaginar. Para maravillarnos de la destreza técnica, y para encarnar a los dioses. Para capturar nuestro aliento colectivo en nuestra habilidad para la belleza y la compasión y la monstruosidad. Venimos a energizarnos, y a empoderarnos. Para celebrar la riqueza de nuestras diversas culturas, y para disolver las fronteras que nos dividen
Donde exista la sociedad humana, el irreprensible Espíritu de la Representación se manifiesta. Nacido en la comunidad, lleva las máscaras y las vestimentas de  nuestras diversas tradiciones. Utiliza nuestros lenguajes y ritmos y gestos, y aclara un espacio  entre nosotros.
Y nosotros, los artistas que trabajamos con este espíritu ancestral, nos sentimos obligados a canalizarlo a través de nuestros corazones, nuestras ideas y nuestros cuerpos para revelar nuestras realidades en toda su mundanidad y brillante misterio.
Pero en esta era en la que tantos millones luchan por sobrevivir, están sufriendo bajo regímenes opresores y de un capitalismo depredador, están huyendo de conflictos y adversidades; donde nuestra privacidad es invadida por servicios secretos y nuestras palabras son censuradas por gobiernos entrometidos; donde los bosques están siendo aniquilados, especies exterminadas y océanos envenenados: ¿qué nos sentimos obligados a revelar?
En este mundo de poderes desiguales, en el que diversos órdenes hegemónicos tratan de convencernos que una nación, una raza, un género, una preferencia sexual, una religión, una ideología, un marco cultural es superior a todos los otros, ¿es verdaderamente defendible insistir que las artes deben estar sin cadenas frente a las agendas sociales?
¿Estamos nosotros, los artistas de arenas y escenarios, conformes con las esterilizadas demandas del mercado, o aprovechar el poder que nosotros tenemos: el de limpiar el espacio en los corazones y las mentes de la sociedad,  para reunir a la gente alrededor de nosotros, para inspirar, encantar e informar, y crear un mundo de esperanza y generosa cooperación?
 
MENSAJES NACIONAL POR EL DÍA MUNDIAL DEL TEATRO
Por: Jorge Villanueva
Lo que nos une
Una joven sale de su casa a las 5 de la mañana para empezar un nuevo día. Aún está oscuro.  Se dirige a su escuela de teatro, en el centro de Lima. Tiene clases de actuación a las 8 y debe salir con mucho tiempo de anticipación, porque vive muy lejos de ahí y no quiere que la sorprenda ningún contratiempo, ningún imprevisto – que nunca falta -, ni mucho menos el agitado tráfico de la ciudad.
Un grupo de teatro independiente e itinerante realiza una gira por diferentes provincias del país. Lo impulsa su convicción de creer en lo que hacen: llevar a ciudades y pueblos una muestra de su trabajo. En uno de ellos descubren que hace por lo menos 40 años no se ha presentado una sola obra de teatro, ni en sus colegios, ni en sus parroquias o plazas. No recuerdan tampoco cómo era compartir con sus niños la alegría  que les traía el teatro.
Una mujer de teatro viaja con sus dos hijas pequeñas, en transporte público, de Lima a Lomas de Carabayllo todas las semanas. Son dos horas de ida y otras dos de regreso. Viene desarrollando un “proyecto escuela” con los niños de allí, con miras a transformar la vida de esas personas, de esa comunidad, a través del teatro y del arte. Con mucho esfuerzo puede ver que ya hay logros concretos y, lo más importante, siente que empieza a generarse un cambio. La comunidad entera ha visto a sus niños crecer y hacerse jóvenes seguros, creativos y llenos de proyectos y sueños, es el resultado del poder transformador del teatro y del arte. Por eso, no importa transitar el largo camino: Sus sueños se van haciendo realidad.
Estos aislados esfuerzos son solo ejemplos del inmenso empuje, fuerza y convicción que tiene nuestra gente de teatro. Su  vocación tiene un motor interno que los impulsa día a día y es más fuerte que la aparente razón, esa razón que puede gritar: ¿Por qué dedicarse a una profesión que, por lo general, en nuestra realidad no es rentable, que suele ser poco valorada y tiene tan poca oferta de trabajo? ¿Por qué dedicarse a una profesión a la cual el propio Estado da la espalda y en la que muchas veces, la indiferencia y olvido, llena de tristeza a nuestros más grandes y valiosos teatristas?
Porque en nuestro complejo país, no curado aún de tantas heridas, tan fragmentado y contradictorio, nuestro teatro tiene la fuerza y la potencia que nos permite rebelarnos ante la pasividad y condescendencia, para mirarnos como sociedad una y otra vez, para reconocernos y valorarnos en nuestra identidad y, en nuestras diferencias, para hablar de nosotros y de lo que nos pasa, de nuestra memoria, de lo que significa ahora ser peruano, latinoamericano, ciudadano del siglo XXI.
Y, precisamente, ser ciudadano del siglo XXI es cargar con mucho. Nuestra civilización corre cada vez más furiosamente hacia el abismo en este siglo, empujado por un sistema devorador e inmisericorde que nos prepara y uniforma para seguir las reglas de un modelo donde la apariencia y la posesión son el pilar, en el que las estructuras están fundamentadas en lo que tienes y no en lo que eres, en el que ser diferente no forma parte del juego, y por ello se queda fuera. En ese contexto, el teatro se convierte entonces en un refugio, en un canal poderoso de expresión, comunicación y rebeldía.
Quizás sea ésa la razón por la que en un día como hoy, cuando nos saludamos por el Día Mundial del Teatro, surge en nuestras miradas, en nuestros rostros, una complicidad misteriosa. Y es que sabemos que estamos hechos de lo mismo. Eso es lo que nos une: conocer el poder transformador que tiene el teatro. Que no se trata solo de ser idealistas, sino de hacer aterrizar nuestros sueños. De aprender de otros profesionales y darle a nuestro  teatro lo que se merece.
Lo que nos une es nuestra sensibilidad ante nuestra realidad, nuestra gente y nuestra memoria. Es nuestra fuerza para actuar y realizar, antes de quejarnos y vencernos por la apatía y el desgano.
Lo que nos une es saber que en cada  lugar del país, desde la gran Lima hasta la más pequeña comunidad, habrá siempre un ensayo, un estreno, unos aplausos fervorosos. Día a día, noche a noche, entrega a entrega, surge y se renueva nuestra convicción y nuestro amor por el teatro, por este arte generoso que tanto hace por nosotros y por el que debemos de seguir haciendo mucho, todos los días, siempre.
¡Feliz Día del Teatro!

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