Carta de una muerte anunciada
Lima 10/03/14
I
Mi bien querida Ana:
Llegó el día, ese momento que esperábamos desde el alumbramiento; hoy no pagamos el recibo de la luz así que toca pasar a la oscuridad, pero no triste, ¡no!. ¿Recuerdas? te gusta la oscuridad, te gusta el silencio, te gusta dormir. Si tuviéramos que pedir nuestro último deseo ¿cuál sería?: un café, dos, tres; un paseo en bicicleta, ésa que nunca aprendiste a manejar, quizá otro amanecer junto a él, quizá tocar el acordeón o mejor aún que te lleven una serenata al panteón para celebrar tu última función.
II
Siento ahora una caballería de salvajes potros galopando al ritmo de la Danza Húngara en mi pecho, llevo la sonrisa fresca y descarada, como la amapola en primavera, como la falda de la muchacha que te llevaste aquella noche la cama. Mis dedos pincel dibujan flores deliciosas en mi sexo y tú me miras desde la esquina de la habitación. Hace tanto que la sala bien podría llamarse dormitorio y ese cuarto el lugar donde poco duerme una mujer pero no sueña; la cocina se ha reducido en el refrigerador y por la alacena ruedan las cabezas del cansancio, los restos del naufragio, pero hoy...hoy es el día.
III
A mis padres me los llevo siempre; cómo quitármelos si tengo los ojos de mi padre y la sonrisa de mi madre, los pasos de mi padre y las manos de mi madre, el tacto de mi padre y la fuerza de mi madre, la locura de mi padre y la ternura de mi madre; y de ambos, su sangre, la sangre compartida con una hermana y allí se cierra el círculo. Esa familia mía, conjunto de ángeles y demonios que conviven en mis entrañas y los llevo a toda hora.
Los genes no mienten, me repiten a cada momento, pero entonces ¿por qué me siento tan fuera?, autoexilio familiar -le llamaré- Hoy estoy en un cuarto que no es mío, en una ciudad que no me pertenece y a la cual no le tengo ni una pizca de cariño, porque todo se lo llevaron ellos. A lo lejos veo a mi abuelos; unos con alforjas y los otros en bicicleta, pero no hay nadie más y sonrío...sonrío.
IV
Voy al baño y por un impulso frenético me detengo como si estuviera en la calle y el ámbar cambia a rojo, entonces recuerdo cómo detesto cuando los recuerdos se avalanchan en la esquina con el semáforo indicando que debo parar, que tengo que esperar -con lo mucho que odio hacer eso-
Veo a Julissa y Ly, las luces del teatro, tu sonrisa..y la tuya, la tuya también y también la tuya...la nuestra, las manos y a mi perro; nosotros estamos juntos, bien podría ser una oración simple con sujeto, verbo y predicado, pero más allá de eso fue la mera realidad y te pido que me expliques cuándo la segunda persona del singular se pluralizó y transformó en "nosotros"; lo admito, me jode porque siempre he sido muy egoísta conmigo, pero hoy me abro y confieso que te extraño y vuelvo en sí, en re, en fa, en sol en ven a mi, la, do, en tú, en sol sostenido, en mi melodía diáfana que acompaña hoy mis pasos trashumantes...reacciono y recupero el andar con dirección al baño y apago la luz.
V
Estoy frente al espejo yo y yo, mis 24 años y yo con mis fantasmas, mis sonrisas, mis anhelos, estoy cansada, jodida y radiante, más lo primero que lo segundo y también en viceversa como me decía Benedetti; estoy yo y mi Sabina, Silvio, Oquendo, Mozart, Acuña, Luchito, The Cure, REM, Yourcenar, Arguedas, Quiroz, estoy, por fin estamos, libres de toda culpa esperando el amanecer, me dejo abrazar y me voy. Hoy no quiero pagar el recibo de la luz. ¡Mucha mierda y adiós!
Una cálida sonrisa nos acompaña, no tengo miedo, será un lindo viaje, otro de tantos, uno más.
I
Mi bien querida Ana:
Llegó el día, ese momento que esperábamos desde el alumbramiento; hoy no pagamos el recibo de la luz así que toca pasar a la oscuridad, pero no triste, ¡no!. ¿Recuerdas? te gusta la oscuridad, te gusta el silencio, te gusta dormir. Si tuviéramos que pedir nuestro último deseo ¿cuál sería?: un café, dos, tres; un paseo en bicicleta, ésa que nunca aprendiste a manejar, quizá otro amanecer junto a él, quizá tocar el acordeón o mejor aún que te lleven una serenata al panteón para celebrar tu última función.
II
Siento ahora una caballería de salvajes potros galopando al ritmo de la Danza Húngara en mi pecho, llevo la sonrisa fresca y descarada, como la amapola en primavera, como la falda de la muchacha que te llevaste aquella noche la cama. Mis dedos pincel dibujan flores deliciosas en mi sexo y tú me miras desde la esquina de la habitación. Hace tanto que la sala bien podría llamarse dormitorio y ese cuarto el lugar donde poco duerme una mujer pero no sueña; la cocina se ha reducido en el refrigerador y por la alacena ruedan las cabezas del cansancio, los restos del naufragio, pero hoy...hoy es el día.
III
A mis padres me los llevo siempre; cómo quitármelos si tengo los ojos de mi padre y la sonrisa de mi madre, los pasos de mi padre y las manos de mi madre, el tacto de mi padre y la fuerza de mi madre, la locura de mi padre y la ternura de mi madre; y de ambos, su sangre, la sangre compartida con una hermana y allí se cierra el círculo. Esa familia mía, conjunto de ángeles y demonios que conviven en mis entrañas y los llevo a toda hora.
Los genes no mienten, me repiten a cada momento, pero entonces ¿por qué me siento tan fuera?, autoexilio familiar -le llamaré- Hoy estoy en un cuarto que no es mío, en una ciudad que no me pertenece y a la cual no le tengo ni una pizca de cariño, porque todo se lo llevaron ellos. A lo lejos veo a mi abuelos; unos con alforjas y los otros en bicicleta, pero no hay nadie más y sonrío...sonrío.
IV
Voy al baño y por un impulso frenético me detengo como si estuviera en la calle y el ámbar cambia a rojo, entonces recuerdo cómo detesto cuando los recuerdos se avalanchan en la esquina con el semáforo indicando que debo parar, que tengo que esperar -con lo mucho que odio hacer eso-
Veo a Julissa y Ly, las luces del teatro, tu sonrisa..y la tuya, la tuya también y también la tuya...la nuestra, las manos y a mi perro; nosotros estamos juntos, bien podría ser una oración simple con sujeto, verbo y predicado, pero más allá de eso fue la mera realidad y te pido que me expliques cuándo la segunda persona del singular se pluralizó y transformó en "nosotros"; lo admito, me jode porque siempre he sido muy egoísta conmigo, pero hoy me abro y confieso que te extraño y vuelvo en sí, en re, en fa, en sol en ven a mi, la, do, en tú, en sol sostenido, en mi melodía diáfana que acompaña hoy mis pasos trashumantes...reacciono y recupero el andar con dirección al baño y apago la luz.
V
Estoy frente al espejo yo y yo, mis 24 años y yo con mis fantasmas, mis sonrisas, mis anhelos, estoy cansada, jodida y radiante, más lo primero que lo segundo y también en viceversa como me decía Benedetti; estoy yo y mi Sabina, Silvio, Oquendo, Mozart, Acuña, Luchito, The Cure, REM, Yourcenar, Arguedas, Quiroz, estoy, por fin estamos, libres de toda culpa esperando el amanecer, me dejo abrazar y me voy. Hoy no quiero pagar el recibo de la luz. ¡Mucha mierda y adiós!
Una cálida sonrisa nos acompaña, no tengo miedo, será un lindo viaje, otro de tantos, uno más.

Comentarios