Grámatica de Febrero

El sol tiene su nombre, y su nombre el compás que la mantiene fuera de órbita.
Es cierto, todo es culpa -por así decirlo- de su nombre.
Nada lo para, nada lo detiene, todo lo transforma y eso a ella le gusta.
Le gusta escribirlo correctamente, con esa línea olbícua que lo distingue y lo saca de la estática para convertirlo en una locomotora del nunca parar. Le gusta, además, que su nombre tenga dos sílabas y dos sígnificados totalmente opuestos si te olvidas de colocar la tilde. Y, es que, su signo diacrítico está en la vocal del "detenerse, jamás" y lleva impregnado el acento ortográfico en el  "vamos por más". Ya lo ha dicho, el sol tiene su nombre, y en su nombre el compás que la lleva adelante sin mirar atrás. Hubo una vez, en algún tiempo, un encuentro y quien sabe si exista otro más, pueda que nunca se vuelvan a cruzar, pero como el camino es largo aún existe una posiblidad. Mientras tanto, ella tampoco quiere parar; y, aunque su nombre no tenga tilde, se ha quedado andando en el compas del "retroceder nunca, rendirse jamás". Y es que él tiene un nombre que sin tilde es parar, pero con tilde no lo para nadie.

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