Entonces ella se paro frente al espejo e hizo su declaración.

Nunca se había sentido de esa manera, tan sola, tan despojada de su sonrisa, de su alma; le robaron hasta el último suspiro.

Cuenta la historia que un día conoció a alguien especial. Solían andar, reír, soñar, volar y hasta llorar; su sola presencia la transportaba a un mundo sin final, otro espacio, otra galaxia, otra realidad; si pues, suele suceder, ella se empezó a enamorar… empezó a creer en esa magia singular; ella que desconocía todo eso, la que se reía cuando alguien le decía que sentía como mariposas en el estómago, empieza ahora a sentir terremotos en el cuerpo, y ni que decir de sus mejillas ruborizadas cuando él acaricia sus pómulos; las manos están heladas, sudan y una sonrisa temblorosa suele asomarse cuando siente su presencia.

Hola, cómo estás, todo bien, si claro, yo también; oh! YO TAMBIÉN, como le gustaba escuchar esa frase, sobre todo cuando le decía cuanto lo quería, cuanto lo extrañaba, incluso cuanto lo necesitaba. Pero quedaba en eso…Yo También, yo también, yo también y así sucesivamente; quizá el no tenia mucho por dar, pero no importa ella lo quería e igual –aclaración, lo quiere igual- , incluso hoy que todo parece terminar, hoy que las lagrimas la empiezan a ahogar, hoy que siente que ya no puede más… hoy lo recuerda y de repente llega una sonrisa sin final.
No quiso aceptarlo pero se empezó a enamorar, y valla de quién, de alguien que le pide olvidar, que no quiso dar ni recibir más. Por miedo, por egoísmo, por no dañar, quizá ya existe alguien que ocupe ese lugar-por eso no la necesita más- o quizá tiene miedo de poderse también enamorar…

Pero al final de cuentas quién soy yo para sacar deducciones o hacer especulaciones?, pido disculpas por querer entrar mas allá de lo permitido; me limitaré a contar LO QUE VEO pues, aquí soy el narrador omnisciente.

Bueno, como les decía allí estaba ella, se paró frente al espejo e hizo su declaración.

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