RELATOS DE UNA INSOMNE LLAMADA DESEO
4:00a.m Se supone que debería dormir relajada por las medicinas que anda hospedando mi cuerpo maldecido, pero despierto cada media hora, hay recuerdos que me visitan en forma de sueños pidiendo incansablemente "no nos borres". A modo de una toma desenfocada me veo con ella brindado por los dardos del destino y los tornillos sueltos de las sillas que no resisten el peso de las conciencias de las damas de un burdel. Nuestro amigo El Principito se une al festín dándonos palmaditas en el hombro y diciéndonos "no lo culpen porque era muy joven para saberla amar" y nosotras, copa en mano reíamos a carcajadas mientras el amanecer nos saludaba.
Despierto, 4:30a.m y caigo en cuenta que tengo una pena compartida con el la luna y con el mar. Un alma compartida con la despedida sin final. Tengo un nudo en la garganta, en el tobillo, en el talón y en eso que le llaman corazón. Pena, tengo una, tengo dos, tengo tango sonando en el reproductor y en la cocina un café pasado y recuerdos -pasados también- tengo las manos hechas puños de rabia y de dolor; tengo seca la garganta y los pechos que amamantan a los caudillos del balcón. Caigo en cuenta que tengo tanto y me quejo de tener cuando hay tantos que no tienen. Cierro los ojos. tengo sueño.
Un pequeño ser me toca el hombro derecho y luego me da un beso en la nariz; susurra mi nombre, su voz suave y los colores que la acompañan me hacen recordar las ferias de los pueblos que he visitados, esas que llegan con carrusel, algodones de azúcar y manzanas acarameladas. Toma mi mano y me lleva corriendo y gritando "Vamos a jugar, cuenta hasta 10". Despierto, 5:00a.m
La abuela me ha visitado, llega llena de colores, olor a flores en primavera y descalzos los pies, me abraza tiernamente y acariciando mi rostro me dice "Tranquila mi niña, tranquila" "Sonríe bella, canta. Hace tanto que no nos vemos". Me dice también que no sea ingrata y que me reconcilie con mi animal interior, que es tiempo de vernos otra vez, de tomarnos el trago amargo y pasar a la siguiente estación. Es tiempo de curar, de aprender a despedirnos -felices- de soltar la cuerda. Creo que si tuviera que quedarme con un recuerdo sería con el de nuestras sonrisas y una tarde en la playa sin sol. Déjame conservar este recuerdo, solo éste -por ahora-.
5:30a.m suena el celular, es mamá, llama para recordar la cita en el hospital. Me siento al borde de la cama pensando qué hacer primero ¿escoger la ropa o bañarme?...mientras tomo esa importantísima decisión existencial me doy cuenta que el tiempo no perdona, éste no se detendrá, no le interesa saber que escogí finalmente, ha pasado media hora más y no logré elegir ni A ni B. Mi mirada fija se quedó en la pared viendo la película de los últimos meses que me acompañaron en esta ciudad que no me pertenece, por suerte la noche anterior no me puse pijama.
Ya son 6:00a.m y solo pude lavarme la cara, llevo la misma ropa, la misma muerte suerte, las mismas ganas, los mismos zapatos, recorro el mismo camino al hospital, hoy es mi segunda transfusión de magia pura para el corazón.
Buenos días realidad.
Jhuliana Acuña


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