Un año

Si hay algo inevitable es, sin duda, el crecer de las uñas y de los cabellos. Pasa todos los días sin darnos cuenta tan igual e inevitable como el paso del tiempo.


Hoy 4 de abril del 2014 he cumplido un año en una ciudad que no me pertenece y a la cual no le tengo ni una pizca de cariño. 12 meses en una capital llena de contrastes, variopinta, con mil caras y formas deformes que contrastan con mis ganas. 365 días bajo el mismo cielo gris, que a ratos me encanta y ratos detesto, con un sol indeciso con el que poco congenio, con besos de un Judas que habla de más, con llamadas constantes a mis seres de luz llamados papás y una hermana a quien de lejos la quiero más; con altos y bajos, con dulces y agrios, con miedos, con risas, con abrazos, con manos, con labios, con sábanas, con miradas que llenan folios en blanco que las palabras no pueden completar, con gente que anda por andar, rostros duros, corazones vacíos...(respiro)...con camas vacías, con el mojito de siempre en el bar de siempre, con pasos firmes y pasos sin rumbo, sin ellas, sin el cuarto de al fondo del 402, sin él, sin mi azotea, sin luna redonda que me saluda de madrugada con mi taza de café, sin..sin...sinfonías nuevas me abrazan y sonrío.

Debo reconocer que en este tiempo entregué de más pero no me arrepiento. Soy intensa y me gusta dejar que las cosas fluyan, quizá por eso son la mayoría de mis aciertos y también de mis desaciertos, pero no me arrepiento. Debo reconocer que no estoy tan sola como pensaba. Que la vida me puso personas nuevas y especiales, abiertas, diferentes, bellas y sobre todo transparentes, gracias a ellas el camino aquí es más hermoso y menos pendejo. Debo reconocer que me encantan los contrastes de la vida, defender lo que quiero, decir lo que pienso y mandar al carajo lo que creo debe irse para allá.

Extraña sensación me visita ahora, y no es culpa del mojito, del pisco sour, del coctel de algarrobina ni del maracuyá sour que tomé en el bar. Acabo de llegar a la habitación de al fondo del departamento de un 4to piso el cual he decidido dejar; acabo de llegar del mismo bar al que llegué hace un año, acabo de darme cuenta que soy mala para contar y ya perdí la cuenta de los días desde que te empecé a extrañar; acabo de acabar la taza número 5 de café en el día 365. Acabo de ver las fotos del ensayo de la función de teatro que dimos ayer y acabo de darme cuenta que sí es posible, que puedo hacer lo que se me dé la gana, que puedo levantarme más temprano para tomar el metropolitano y llegar antes al trabajo, que puedo dar un beso si tengo el impulso y las ganas de hacerlo, que puedo dar paz (y quitarla) con  una mirada, que puedo decir "lo siento, la cagué, discúlpame", que puedo aguantar el dolor, que puedo ir sola al hospital, que puedo aún emocionarme con pequeñas acciones y una canción, que puedo cambiar, que puedo mutar, que puedo perder, que puedo ganar, puedo. Pero aún me cuesta cumplir promesas, aún no puedo controlar mi cólera, aún me cuesta dormir temprano, no puedo olvidar ciertas cosas que ya deberían estar desintegradas, me cuesta, me cuesta mucho resistirme a esas miradas...pero bueno estoy en el camino, estoy andando, estoy aprendiendo y la sola idea que aún me falta tanto me excita y motiva. Pensar en mis viajes, en mis estudios, en mis proyectos y en las sorpresas que se están cocinando para mi, activa mi propulsión y me manda directo a volar.

He sobrevivido, soy un deseo, seguiré sobreviviendo, pero ahora dormiré.
Buenas noches realidad.

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