Julio, la mitad mas uno.
Hago un alto en el camino. Respiro. Lo necesito.
Me desespero, no es sano, mis dedos teclean y borran taquicardicamente. Un café
y respiro. Las cosas no son como lo esperas, por eso en esta pausa no espero
nada (de nadie). Julio, sorpréndeme, lo necesito. Respiro. Este es mi mes –según
cronos- y debe augurarme lo mejor.
Hago un alto en el camino y recuento lo que fueron los últimos meses “aquí”. A modo de un balance me paro frente al espejo y desempaco-la-maleta. No estaba en mis planes, como la mayoría de cosas que tengo o recibo, tomar una decisión rápida (y con lo que me cuesta eso), renunciar al confort acostumbrado, despedirme de seres amados, vaciar mis cajones, preparar las maletas, mirar el cuarto libre solo con los dibujos y papeles que acompañan la pared cada vez más llena de estos “detalles”, fumar un cigarrillo, abordar un bus e instalarme a 154 m.s.n.m. en el cuarto de al fondo del departamento 405 de una calle del centro de la capital.
Siempre gusté de climas fríos; tal vez por la alergia convertida en mal humor que me produce la incandescencia del sol, tal vez porque me permite disfrutar más veces una buena taza de café, tal vez porque es un buen pretexto para leer en la cama, bajo las frazadas, bien arropada; tal vez porque es buen pretexto para que me abraces, tal vez...
Sin embargo, la humedad me está matando, reseca mis labios, ocasiona dolores fuertes, malestar y constantes resfríos. Pese a ello, disfruto de la llovizna en las mañanas y la neblina me produce una sensación de extraña satisfacción al no ver más allá de cinco metros. El gris me gusta, sin embargo…
Extraño el viento del norte que desordena mi cabello, extraño salir a caminar de madrugada o subir a la azotea con una taza de café y ver la luna, extraño acostarme en el sofá y ver películas con él, extraño ese Ice Mocaccino del Café 900, extraño el sarcasmo y acertado consejo de mi directora de teatro, extraño vivir sola, prepararme el desayuno, ir a Reque los domingos, extraño sobre todo a mis amigas, esas hermanas que la vida me puso en el camino, extraño los abrazos de mi padre y la sonrisa de mi madre…es extraño, todo esto extraño pero no me arrepiento de estar aquí – ahora, extraño…
No espero nada ya, pero si llegara algo a mí -en este o cualquier momento-, tengo a cambio ganas, sueños y acciones para compartir. Hemos pasado la mitad del camino, todavía quedan pendientes, pero las cosas buenas que han llegado se han disfrutado muy bien, -¿y las malas?, también-, este año me está sorprendiendo terrible y amablemente, quizá es porque he aprendido a sonreír más, pues ya lo dijo mi bien querido Lorca: "Desecha tristezas y melancolías. La vida es amable, tiene pocos días y tan sólo ahora la hemos de gozar."
Desempacando-la-maleta encontré que he aprendido a querer mejor cuando estoy lejos, que adaptarse cuesta, aún más cuando llegas a un hogar con costumbres ya establecidas. Encontré una libreta en la escribo a menudo y luego, por azares del destino, pierdo los papeles como hojas en otoño. Desempacando-la-maleta encontré que hay recuerdos que siempre me acompañan en los momentos precisos, cuando se acaba el café y no puedes salir a caminar porque “es muy tarde”.
Ya instalada encontré una madre que llora por la ingratitud de su “retoño”, un padre al que culpan por la partida de un hijo, visitas continuas y desesperantes al hospital, una mujer que ha luchado y conseguido lo que ha querido con su propio esfuerzo, y, que hace unas semanas viajó a otro país en búsqueda de eso que la apasiona. La admiro. Confieso: hace tiempo no lloraba la partida de alguien, hace tiempo no sentía que alguien me haría tanta falta; la última vez que lloré así creo haber tenido 9 o 10 años.
Hago un alto en el camino y recuento lo que fueron los últimos meses “aquí”. A modo de un balance me paro frente al espejo y desempaco-la-maleta. No estaba en mis planes, como la mayoría de cosas que tengo o recibo, tomar una decisión rápida (y con lo que me cuesta eso), renunciar al confort acostumbrado, despedirme de seres amados, vaciar mis cajones, preparar las maletas, mirar el cuarto libre solo con los dibujos y papeles que acompañan la pared cada vez más llena de estos “detalles”, fumar un cigarrillo, abordar un bus e instalarme a 154 m.s.n.m. en el cuarto de al fondo del departamento 405 de una calle del centro de la capital.
Siempre gusté de climas fríos; tal vez por la alergia convertida en mal humor que me produce la incandescencia del sol, tal vez porque me permite disfrutar más veces una buena taza de café, tal vez porque es un buen pretexto para leer en la cama, bajo las frazadas, bien arropada; tal vez porque es buen pretexto para que me abraces, tal vez...
Sin embargo, la humedad me está matando, reseca mis labios, ocasiona dolores fuertes, malestar y constantes resfríos. Pese a ello, disfruto de la llovizna en las mañanas y la neblina me produce una sensación de extraña satisfacción al no ver más allá de cinco metros. El gris me gusta, sin embargo…
Extraño el viento del norte que desordena mi cabello, extraño salir a caminar de madrugada o subir a la azotea con una taza de café y ver la luna, extraño acostarme en el sofá y ver películas con él, extraño ese Ice Mocaccino del Café 900, extraño el sarcasmo y acertado consejo de mi directora de teatro, extraño vivir sola, prepararme el desayuno, ir a Reque los domingos, extraño sobre todo a mis amigas, esas hermanas que la vida me puso en el camino, extraño los abrazos de mi padre y la sonrisa de mi madre…es extraño, todo esto extraño pero no me arrepiento de estar aquí – ahora, extraño…
No espero nada ya, pero si llegara algo a mí -en este o cualquier momento-, tengo a cambio ganas, sueños y acciones para compartir. Hemos pasado la mitad del camino, todavía quedan pendientes, pero las cosas buenas que han llegado se han disfrutado muy bien, -¿y las malas?, también-, este año me está sorprendiendo terrible y amablemente, quizá es porque he aprendido a sonreír más, pues ya lo dijo mi bien querido Lorca: "Desecha tristezas y melancolías. La vida es amable, tiene pocos días y tan sólo ahora la hemos de gozar."
Desempacando-la-maleta encontré que he aprendido a querer mejor cuando estoy lejos, que adaptarse cuesta, aún más cuando llegas a un hogar con costumbres ya establecidas. Encontré una libreta en la escribo a menudo y luego, por azares del destino, pierdo los papeles como hojas en otoño. Desempacando-la-maleta encontré que hay recuerdos que siempre me acompañan en los momentos precisos, cuando se acaba el café y no puedes salir a caminar porque “es muy tarde”.
Ya instalada encontré una madre que llora por la ingratitud de su “retoño”, un padre al que culpan por la partida de un hijo, visitas continuas y desesperantes al hospital, una mujer que ha luchado y conseguido lo que ha querido con su propio esfuerzo, y, que hace unas semanas viajó a otro país en búsqueda de eso que la apasiona. La admiro. Confieso: hace tiempo no lloraba la partida de alguien, hace tiempo no sentía que alguien me haría tanta falta; la última vez que lloré así creo haber tenido 9 o 10 años.
Ya instalada encontré disturbios, asaltos,
egoísmo, muertes, hombres resentidos, personas que actúan como robots; la gente
no sonríe y casi siempre tiene el ceño fruncido, te atropella mientras caminas,
no saben pedir disculpas ni por favor. No obstante, encontré gente
emprendedora, que la lucha, que no se calla ni se traga el cuento que “Papá
Gobierno” los salvará, encontré un lugar cerca de casa para compartir, encontré
arte “a gusto del cliente”, encontré formas de acortar las distancias, encontré un monedero donde guardo los ahorros para posibles viajes, una melódica o acordeón y un par de antojos, encontré finalmente motivos para continuar, para no
rendirme, para levantarme. Te encontré, ¿me encontré?
Julio, no quería extenderme tanto, fue sin
querer y necesario, pero debo decir que tú solo me brindas simples cuestiones
de fe; eres, en realidad, un mes cualquiera, para abrazar a cualquiera, para
sonreír con cualquiera, para dormir con cualquiera. Dar sin esperar: qué
falsedad, todo discurso tiene una intensión (TODO). El mismo hecho de la “no
espera” ya presagia una esperanza: la de sorprenderse (en mi caso). Muy en el
fondo, con menos expectativas, quizá, siempre se espera algo, sin fecha, sin
hora y sin algún nombre específico, pero siempre, siempre se espera algo. Julio,
tranquilo, aún hay tiempo y puedo esperar. Lo que sí, te advierto, no voy a
detenerme.
Buenos días.
Lunes 01 de Julio, Lima-Perú.


Comentarios
Saludos y días bellos para ud.
persigue al viento y no te marees por el bochorno
Saludos
Hija dle viento soy. Procuro respirar para evitar el bochorno.
¡Gracias! y buen viento para ud.