Pretextos, nada más.
Fueron las redondas, blancas, negras, el pentagrama de tu manos que me llevaron hacia ti.
Fue el viento, el mar, la arena en los pantalones y los track intercalados de un mp3 gastado.
Fue la noche, el café, los cigarrillos, las lecturas taciturnas en la habitación que no se duerme.
Fueron los libros, la guitarra, el bar, la cerveza, esa canción a los ojos que me deja andando sin aliento entre bemol y sostenido.
Fueron las corcheas, fusas, semifusas, los tresillos a destiempo que le dieron ritmo a estos días
Fue también domingo, la nostalgia, los pimientos rodando en la alacena y la soledad tan fría como esta refrigeradora vacía.
Fue la risa, el amor, el error, la alegría, el deseo, el espejo, la euforia de los acordes en las entrañas.
Fueron los silencios, las miradas, las caricias, la ventana, las hortensias en el pelo y los juegos bajo las sábanas.
Fue un resumen de pasiones condensadas, y las ganas suicidándose al pie de un barranco con gritos desafinados rasgando las vestiduras entre conjuros y maldiciones.
Fue Oquendo susurrándome que bese tu voz, Arguedas conectándome con la tierra, Yourcenar alimentando las ganas de irme, Nietzsche y su eterno retorno, Einstein tan relativo en el tiempo y tú, tan tú, dándome la mano para comenzar a recorrer esta nueva partitura.
Fue la lluvia, el frio, el insomnio, el último trago de esta esencia de café.
Es el vestido negro, la maleta y la chalina que me pongo. Es la escalera que empiezo a descender a las 2 de la madrugada para ir buscarte. Es todo esto un simple pretexto para recordar que aún una melodía queda.

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